Para nadie es un misterio, o al menos no debería serlo, que la sociedad en que hoy vivimos es egoísta, consumista, altamente competitiva, individualista, indiferente, inconmovible, materialista y superficial. El valor más importante es el tener, no el ser. La posesión de riquezas es algo a lo que se aspira por sobre el estudio, la cultura, las artes, la familia o el desarrollo personal. Estamos acostumbrados a mirar con desprecio a quienes tienen menos, y a admirar al que ostenta riquezas materiales, sin detenernos a evaluar si son buenas o malas personas.
Todo lo anterior hoy por hoy es hasta normal, es un reflejo de lo que es nuestra sociedad actual. El problema viene cuando estas características comienzan a manifestarse en instituciones sensibles de la República, como son los Tribunales de Justicia.
En efecto, durante el último tiempo hemos podido enterarnos a través de la prensa de algunas situaciones en que el prejuicio que nuestra sociedad manifiesta hacia quienes no cumplen con el perfil de "éxito" a que todos aspiran, se ha trasladado a los Tribunales. Citaré dos ejemplos: el primero de ellos guarda relación con una mujer que denunció haber sido supuestamente violada por un par de adolescentes que pernoctan bajos los puentes del río Mapocho en Santiago. Los acusó de violadores y de ladrones. Inmediatamente fueron detenidos en centros del Sename, inmediatamente la prensa, la televisión y las radios los condenaron sin más, ¿con qué argumentos? Nada más que la palabra de una "pobre mujer" que después de su jornada de trabajo se iba a su casa y fue interceptada por estos "malvivientes". Para todo aquel que viera la noticia en ese momento estaba más que claro que los muchachos eran culpables, no había ninguna duda al respecto, ¿por qué? porque son muchachos pobres, drogadictos, que viven en la calle, morenos, de pelo negro y chuzo, en síntesis, tienen "cara de delincuentes" (porque nuestra sociedad se ha encargado de determinar como es la "cara de delincuente"). Evidentemente un par de muchachos que tenían esas características necesariamente DEBÍAN ser delincuentes. Operó el prejuicio y fueron detenidos. Lo que la prensa no informó en esa oportunidad es que ambos jóvenes estaban dando una lucha por su vida, de la mano de personas de buen corazón quienes, sin tener sobre sus ojos el velo del prejuicio, vieron en ellos a un par de seres que necesitaban con urgencia protección y cariño, aquello que su desgraciada vida les negó. Y fueron precisamente aquellas personas que, conociendo a sus muchachos y sabiendo que eran incapaces de hacer algo como lo que se les imputaba, comenzaron a investigar la situación, obteniendo la confesión de la supuesta víctima, la cual jamás fue violentada ni robada, y muy por el contrario, ella abusó de un menor de edad. Sin embargo, bastó su palabra para enviar a un par de muchachos inocentes a la cárcel, cuyo único pecado es cumplir con todos los requisitos que satisfacen el prejuicio del "delincuente".
El segundo caso es aun más indignante, y refleja nuestra profunda crisis moral. Una trabajadora de casa particular (o "nana") es acusada de golpear al hijo de su empleadora. La trabajadora por su parte alega que fue la "patrona" quien la golpeó. Era la palabra de una contra la palabra de la otra, por lo tanto lo justo era investigar para poder acusar. Sin embargo, quien fue de inmediato acusada y condenada por los medios fue la empleada. Obvio, era pobre, negra, inculta, necesariamente tenía que ser una golpeadora de niños. En cambio la patrona vivía en El Golf, era "rubia", adinerada, por lo tanto era imposible que se rebajara a la rotería de irse a las manos con una picante. Mas, ¡oh! aparecieron antecedentes que decían que la peliteñida víctima tenía un amplio prontuario de violencia, habiendo golpeado duramente varias veces a un militar (!!!). Pero ello no bastó para que la plebe la condenara. Después se supo que tenía un sitio en internet donde se prostituía por dinero. Pero ello tampoco afectó su imagen. Una mujer pobre que hace lo mismo se llama simplemente una puta, en cambio ella es una "scort". Se convirtió en todo un personaje, fue invitada a programas de televisión para que contara su historia, y el número de clientes de su página de servicios sexuales se disparó. Es decir, una mujer con un severo problema de agresividad, que se ganaba el pan mediante el oficio más antiguo del mundo seguía gozando de una mejor situación frente a la opinión pública que la mujer injustamente acusada. Para ella no hubo televisión ni dinero. Sólo humillación, escarnio público y la pena de jamás poder volver a trabajar como cuidadora de niños.
En este espacio quiero denunciar a quienes son los principales culpables de este prejuicio, quienes no son otros que los medios de comunicación, y principalmente la televisión. En apocalípticos programas con música de terror, programas como "en la mira", "contacto", "aquí en vivo" e "informe especial", se encargan de mostrarnos una realidad que si bien existe, no guarda relación con el alarmismo y exageración con que es cubierta. Debemos ser uno de los países con mayor terror a la delincuencia, y que a la vez tiene los menores índices de aquella. De esta sensación de inseguridad se sacan provechos económicos, como en el caso de las empresas de seguridad, de alarmas, etc; y políticos, ya que el consabido argumento de la "guerra a la delincuencia" es un estandarte de la oposición. Estos programas de televisión se encargan de dejarnos muy en claro que debemos desconfiar de todo aquel que sea moreno, pelo chuzo, pobre, e incluso, que sea de una determinada comuna (como es el caso de la gente de Puente Alto, la cual fue crucificada por la televisión). Que decir de los programas "133" y "policías en acción". Se encargan de dejarnos en claro que toda la gente de poblaciones es ladrona, o drogadicta, o mal educada. ¿Por qué no denuncian con la misma fuerza a los ladrones de cuello y corbata, a quienes le roban su sueldo a sus trabajadores, a quienes estafan, a quienes evaden impuestos? Simple, porque a la gente linda se le perdona todo. Y porque siempre, de alguna manera, todo es culpa del roto.
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viernes, 31 de octubre de 2008
jueves, 20 de marzo de 2008
Algunos comentarios sobre la Semana Santa
La semana Santa conmemora, no con rigor cronológico, sino en forma simbólica, los más grandes e importantes misterios de la religión Católica. Recuerda la pasión, sufrimiento, muerte y posterior resurrección de Jesús, quien es el eje de toda religión cristiana. Junto con ello, con su sangre derramada expía los pecados de la humanidad, y sella una alianza nueva y eterna con el hombre por siempre jamás, hasta el día de su segunda venida y el juicio final.
Para quien exprese ser Católico, la magnitud y trascendencia de esta conmemoración no debería ser superada por nada, porque prácticamente TODO el sentido de la religión que profesa, ocurre en esta semana que se conmemora cada año. Más importante que la anunciación, más que la natividad, más que el retiro en el desierto y más que el posterior ascenso a los cielos. Tenemos primeramente la cena, episodio retratado magistralmente a lo largo de la historia; es en la cena donde se sienta la base de lo que es por esencia el ritual católico: la eucaristía. A través de ella, el catolicismo se suma a una antigua lista de religiones teofágicas, en que la carne y la sangre de cristo se encuentra presente en el pan y el vino, y que la constante devoración de su carne y sangre renuevan este pacto de tracto sucesivo. Seguidamente nos encontramos con su pasión y sufrimiento en su vía hacia el calvario, (de lo cual tanto rédito económico obtuvo Mel Gibson), estaciones que más que sobrecoger por su crueldad y abuso, deberían llevar a la reflexión de todo lo que Jesús fue capaz de hacer por la humanidad. Seguido de esto encontramos su muerte, y finalmente el gozoso misterio de la resurrección de entre los muertos.
El ritual Católico recuerda siempre que tanto amó Dios al mundo que envió a su hijo unigénito, para perdón y redención de pecados, más allá de todo el dolor y humillación que habría de padecer de parte de los mismos seres a quienes venía a redimir. Por ello, si alguien se considera católico, debe este fin de semana recogerse, meditar y reflexionar sobre este extraordinario misterio.
Todo lo que he descrito es aquello que, desde mi perspectiva de lo que debe ser la adscripción a una religión, mas o menos debería sentir o pensar un católico que se precie de ser tal, en esta más que trascendental fecha para el mundo de la Iglesia de Roma.
Ahora bien, en nuestro país en que un 69,96% (censo 2002) de la población se declara "católico", ¿como se vive el recogimiento que merece el acontecimiento más importante de la historia cristiana? Pues bien, salvo aquel margen de error que pueda existir, y a quien de antemano ofrezco disculpas, la inmensa mayoría de los católicos chilensis sólo ven en esta fecha la oportunidad de descansar, rememorar el verano que recién se fue, viajar, emborracharse, irse de juerga, organizar fiestas, y una serie de actividades que poco o nada tienen que ver con el significado de esta fecha...ah! pero no comen carne (!) Se pasan el fin de semana santa en Buzios, pero no comen carne, porque son muy católicos. Esa es una de las incoherencias e inconsecuencias más absurdas que me ha tocado ver. Para quien se considere católico, no puede hacer otra cosa este fin de semana que no sea reflexionar sobre el significado y sentido de cada uno de los días que componen la semana santa.
Sobre la costumbre, absurda, de no comer carnes rojas, hay mucho que decir. Lo primero y más obvio es que no tiene fundamento bíblico ni dogmático. Es una costumbre, y como tal, es díficil determinar sus orígenes exactos. Sin perjuicio de ello, es posible afirmar que la idea original consistió en una penitencia de ayuno, que en principio pudo haber sido total, y posteriormente parcial, aspirando a la no ostentación, a una alimentación frugal, sólo lo justo y necesario para sobrevivir. Otras variables pueden agregarse también, como por ejemplo que las carnes rojas eran de difícil acceso a la población, no así el pescado, y por lo tanto comer carne era un acto de derroche no propio con la solemnidad de la fecha. Otra variable a considerar es que los hombres del medioevo creían que los peces se generaban espontaneamente en el mar, que no nacían de otro ser vivo, por tanto estaban lejos de la idea de la muerte.
Muchas cosas se pueden decir, pero el fundamento de no comer carnes rojas no se encuentra dentro de la fe católica. distinto es el deber de ayuno, de penitencia, de recogimiento, los cuales son mucho más amplios que el simple hecho de comer carne.
Los peces, para quien no lo sepa, son seres vivos al igual que las vacas y cerdos, por lo tanto el argumento de que no se puede comer carne por la muerte de Jesús es absurdo, ya que, salvo los medievales, estamos contestes en que tanto vacas como peces deben morir para ser consumidos. También se señala que es por la forma en que murió Jesús, derramando su sangre, que no se debe comer carnes rojas, ya que el pez no derrama sangre para ser consumido. Pues bien, frente a eso sólo puedo decir que si existiese un ranking de las peores formas de morir, a la muerte por desangramiento le sería díficil estar por sobre la muerte por asfixia que experimenta un pez al ser sacado del agua, así que el argumeto de la forma de morir no me parece convincente.
Por último, para quienes señalan que no se puede comer carne y punto, les recuerdo que los peces también están hechos de carne, no de arena o vegetales, así que el hecho de que la palabra carne se halla sustantivizado para designar a las carnes rojas, principalmente de vacuno, no significa que haya desaparecido el significado normal de la palabra carne. Llegar a otra conclusión llevaría a afirmar que un vegetariano sí come pescado, porque no es carne. Absurdo.
Para reafirmar mis planteamientos, recurriré precisamente a la voz de la Iglesia Católica. En este link http://www.clarin.com/diario/2007/03/29/sociedad/s-01389748.htm es posible leer una entrevista a una autoridad católica argentina, en la cual señala que "nadie se irá al infierno si come carnes ese día, (porque) lo importante es cumplir con el espíritu de sacrificio y de caridad", y que "no vale nada comer pescados y mariscos costosos, porque lo que vale es el sacrificio y la abstinencia o comer poco, valorando la esencia del espíritu".
Una pregunta ¿es un DEBER comer pescados y mariscos en esta época? Evidentemente no, pero nuestra sociedad de consumo nos impone el deber de hacerlo, y de no hacerlo somos bichos raros que todos miran con admiración y cierto desprecio, del mismo modo que establece el deber de hacer regalos en navidad, y comer mucho chocolate durante la Pascua de resurrección. Con este último fenómeno me quiero quedar.
Domingo de Pascua. ¿por qué Pascua?, Pascua se asocia con "paso", la Pascua judía conmemora la liberación del pueblo judío desde Egipto, desde que el ángel del señor asesina a cada primogénito varón egicpio, y ello da lugar a la venia del Faraón para dejarlos partir hacia la tierra prometida. Nuestra Pascua celebra el paso de la muerte a la vida, el ascenso de Jesús desde el mundo de los muertos al de los vivos. Jesús vence a la muerte, y con su muerte sella la nueva alianza de Dios con el hombre. Sin embargo, el dios capital ha sido más fuerte, y de alguna manera hoy este acontecimiento se ha vuelto en una indiscriminada ingesta de chocolate en sus más variadas formas. Si yo fuera una autoridad católica me preocuparía bastante, ya que estos niños a quienes se engorda a punta de chocolates en Pascua, y se cubre de regalos en Navidad, sin que se les explique ni por si acaso el verdadero sentido de esas fechas, el día de mañana será un adulto que tendrá hijos, y que dificilmente podrá explicar un sentido que nunca conoció. Sólo podrá transmitir el mensaje del individualismo y del consumismo, los cuales hace rato dejaron atrás el mensaje del viejo dios cristiano.
Para finalizar, debo aclarar que no me he vuelto de pronto en un defensor de la fe católica, o de la semana santa. Yo tengo muy claro que la mitología cristiana es una copia de muchas otras prexistentes, por lo tanto la idea del dios que muere y resucita al tercer día no tiene nada de nueva. Sólo me interesa demostrar cuan debilitada se encuentra, y cuan falsos son todos quienes se dicen católicos, y que pretendiendo serlo desprecian a quienes tienen ideas distintas (o simplemente tienen ideas). El mostrar cómo la hipocresía, el individualismo y el consumismo se han vuelto los nuevos dogmas de hoy, de como quienes critican a los librepensadores desde el sitial de su creencia son tan inconsecuentes y necios que ni siquiera saben en qué creen, o por qué lo creen. No se queden en las formas ¡la forma sin fondo no sirve! Preocupémonos de ser buenas personas y de hacer el bien a nuestros semejantes. Sólo de esa forma Católicos y no Católicos haremos de este mundo un mejor lugar para vivir.
domingo, 24 de febrero de 2008
El ser humano occidental se encuentra en caída libre hacia la decadencia: la injusticia y el sin sentido se han hecho normales a nuestros ojos
Antes que todo, ciertas precisiones: primero, hago alusión al hombre occidental específicamente, ya que desconozco la realidad de culturas distintas a ésta, tales como las de oriente extremo, oriente medio, África, etc. Segundo, menciono una caída libre a la decadencia, y no de un estado de decadencia, ya que creo que aun no hemos tocado fondo, mas para ello no falta mucho. Por último, desde ya y como siempre, ofrezco disculpas por el desorden que pueda existir en la exposición de las ideas, ya que cuando la indignación es grande, la redacción sufre por la necesidad de expulsar una metralla de ideas.
Entrando propiamente al tema, deseo llamar la atención e intentar desde esta más que humilde tribuna sacudir conciencias y llamar a una reflexión verdadera de cómo la justicia se ha convertido en una rara avis, y la injusticia se ha hecho la regla general. De cómo el sentido común ha desaparecido de nuestras mentes, siendo reemplazado por el más absurdo y perverso sin sentido.
Existen en el diario vivir situaciones alarmantes, inhumanas, inconcebibles, indignas incluso de la más vil de las criaturas que hayan existido o puedan existir, y que sin embargo son, para nosotros, tan normales y tan cotidianas, que ya ni siquiera logran asombrarnos. A lo más una pequeña exclamación motivada más por la curiosidad que por la indignación que debería generar la injusticia que gobierna nuestro mundo.
Como ejemplo, y para dar pie a una reflexión posterior, quiero referirme a una noticia aparecida en la prensa hace algunos días. es una noticia más dentro de muchas similares, pero creo que representa a cabalidad la idea de inmoralidad e injusticia que deseo exponer: una mujer de nuestro país, una mujer anónima como millones más, murió. Y no sólo murió, sino que nadie se enteró de su muerte sino hasta dos meses después de producida ésta. Una criatura humana, el orgullo de la creación o si se prefiere, el exponente máximo de la evolución. Un ser único, irrepetible, una mujer nacida libre e igual en dignidad y derechos a todos los individuos de la especie humana, dejó este mundo sin que a nadie le importara un carajo. Ello en sí mismo es indignante, pero no es todo. Al morir se encontraba agobiada por las amarguras que conlleva la pobreza, agobiada por las deudas. Junto con ello debió enviar, poco antes de morir, a sus hijos a vivir con parientes de otra ciudad, ya que su miserable situación le impedía otorgarles la más mínima subsistencia. Murió sola, triste, pobre, abandonada.
Es posible que todo el relato anterior no le haya conmovido en lo más mínimo, o que a lo más haya usted pensado "qué lástima". Y es precisamente ello lo que necesito denunciar ¡¡¡Cómo es posible que el hecho de que una vida humana se haya extinguido llevándose consigo nada más que sinsabores y amarguras sea "normal"!!! Si la oportunidad de tener una vida es única e irrepetible, más allá del premio de consuelo de la "vida eterna" que nos regaló el clero para hacer más llevadera la miseria humana (miseria que por lo demás es el anverso de su histórica opulencia), entonces debemos concluir que no es posible que una persona a la cual la sociedad debía y no podía menos que ayudar a lograr el fin último que supone la búsqueda de la felicidad, haya muerto en tales condiciones y además haya caído en el más indigno de los olvidos.
¿En qué momento nos volvimos tan materialistas, tan individualistas, tan ciegos? ¿Cómo fue posible que la virtud máxima de veneración generalizada sea la posesión de riquezas, por sobre el conocimiento, la superación espiritual, el amor fraternal por nuestros humanos congéneres?
La pobre mujer, cuyo paso por este mundo fue tan nefasto que quizás habría sido mejor que nunca hubiera pisado este valle de lágrimas, es solamente un ejemplo. Un botón de muestra que es parte de una generalizada realidad. Millones de hombres y mujeres de la única patria real, que no es otra que la humanidad toda, día a día llevan existencias miserables e infelices, sin que ello nos interese un bledo. Personas que trabajan de sol a sol, de lunes a lunes, postergando familia, superación personal, a cambio de las migajas que caen de la abundante mesa del sistema, de la cual sólo pueden comer unos cuantos elegidos. Claro que sí, los que de verdad y con propiedad ocupan un sitio de comensal en esta opípara cena que ofrece el sístema, son solamente una pequeña minoría. Nosotros tampoco somos del grupo de los comensales, no seamos ilusos, sólo estamos ubicados en una parte bajo de la mesa donde las sobras son un poco mejores, pero sobras al fin.
Una persona trabaja como esclavo para ganar una cantidad que con suerte le servirá para comer mal, vestir peor, y sobrevivir, ya que el vivir es un lujo que les está vedado. Y ello para nosotros es normal. Niños mueren de hambre, personas mueren en los pasillos de los hospitales, personas viven en la calle. Y ello se ha vuelto indignantemente normal. No nos asombra, y muy por el contrario, a veces incluso nos hace decir que lo merecen, o que "es lamentable, pero qué puedo hacer yo", y le cambiamos al canal para ver las informaciones sobre el fútbol. En el otro lado de la moneda encontramos personas que por hacer nada reciben todo. Es una inmoralidad que una "señorita", por no decir lo que realmente son, gane cuatro millones de pesos por mostrar sus glándulas mamarias y sus asentaderas mientras toman sol en una playa durante diez días. A todos los hombres nos gusta una mujer bonita, pero ¡por favor, abramos los ojos! En caso alguno es tolerable que la escala de valores de la sociedad esté tan trastocada que mientras unos sudan sangre por una miseria, otros por una sonrisa reciban cifras astronómicas de dinero. Quizás a todos les parezca normal, y ello se debe a que son unos simples corderos parte del rebaño organizado por quienes controlan los hilos del sistema.
Soy un gran seguidor del fútbol, me deleito con una gambeta bien hecha o con una atajada increible, pero estimo que no es posible que un entrenador, un hombre que trabaja 4 horas diarias, reciba 13 millones de pesos mensuales. Muchos podrían decir, tal como el aludido lo hizo "es que yo genero esa cantidad, por eso la merezco". Vale, lo concedo, pero ¿es que acaso los trabajadores de las salmoneras, del cobre, del retail, de los hiper mega mercados no hacen lo mismo, y sin embargo reciben una miseria? ¿Cuál es la diferencia entre la riqueza que genera un trabajador y lo que efectivamente recibe a cambio como remuneración? Esa diferencia es un abismo, y ese abismo es perfectamente normal para nosotros. Y ¡ay de aquel que pronuncie una palabra contra la injusticia del sistema! ya que de inmediato es acreedor del anatema de los tiempos modernos: se le da el mote de "resentido". En la edad media la forma de desacreditar a un contrario era lánzandole un anatema, amenazandolo con la excomunión para que así sufriera el descrédito y el escarnio público. Hoy se le dice, con la mayor sorna y expresión de asco posible "es un resentido". Y en esta sociedad ser un resentido es peor que sufrir por la lepra, las personas se alejan del "resentido" ¡no vaya a ser cosa que los demás crean que también son resentidas, dios nos libre de ello!
Hemos dejado de ser seres pensantes y racionales, y nos hemos todos convertido, quien más quien menos, en marionetas del sistema, en miserables ovejas que por ningún motivo se apartarán del rebaño, en patéticos ratoncillos que seguimos ciegamente al flautista que nos embruja con su música.
¿Los avances tecnólogicos, la globalización y el crecimiento de las riquezas han hecho disminuir la miseria de nuestro mundo? Definitivamente no. De hecho lo más probable es que las desigualdades hayan aumentado. Lo que ha cambiado definitivamente es la conciencia que tenemos de nuestro miserable estado. El sistema imperante es una maquinaria perfecta, a la cual no se le escapa detalle alguno. Por ejemplo, una persona puede no tener qué comer, puede ser explotada en su trabajo y tener cero vida familiar, pero está demasiado entretenida enterándose de con cuantos futbolistas se acuesta una modelo, o de si habló o no una mocosa de 17 años, hija de una reputada bataclana de nuestra fauna televisiva, cuya mayor virtud es hacerle daño a la mayor cantidad de gente posible y cobrar por ello. Los medios de comunicación se han encargado de tener a las personas en un trance hipnótico permanente, que les hace incapaces de notar su miseria, y con mayor razón la miseria ajena. Les dicen a las personas que pueden tener todo cuanto deseen en lo material, sólo deben venderle el alma a un banco (el diablo de nuestra era), con el cual estarán endeudados de por vida. Porque la felicidad esta en tener, no en ser. Ser y ser feliz es gratis, por lo tanto no es negocio para el sistema.
Los individuos que componen la masa no sienten, no piensan, no cuestionan, sólo hacen lo que el sistema impone y permite. Y la solución jamás vendrá del propio sistema, ya que las instituciones humanas como los partidos políticos, la iglesia, entre otros, son parte integrante y esencial de este macabro concierto.
Amigas, amigos, ¡despertemos! ¡rebelémonos contra la injusticia! NO se trata de que tengamos que repartir lo nuestro para que todos tengamos lo mismo, como estupidamente plantean quienes caricaturizan a los movimientos de izquierda, sino de que cada quien, en base a sus merecimientos pueda optar a ser feliz. Que nunca más el hambre, la muerte, el sufrimiento sean algo normal y tolerable. No se trata de una perorata moralina, sino de una actitud frente a la vida, en que actuando en forma consciente y consecuente podemos hacer mucho más de lo que creemos.
Aspiro a un mundo en que las personas puedan trabajar y desarrollarse como individuos, en que puedan disfrutar de una vida familiar plena, en que todos puedan tener acceso a las artes y a la cultura, a las ciencias o a cualquier materia que le provoque inquietud. Un mundo en que este sueño que es la vida sea una experiencia hermosa, y no una cruel pesadilla. Puede ser una utopía, puede que jamás lo logremos, pero ello jamás será una excusa para dejar de sentir coraje y asco frente a la injusticia.
John Donne dijo "La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque soy parte de la humanidad". Yo a la muerte agregaría la tristeza, la miseria y la frustración. Que la sed de justicia jamás les abandone hasta que sea saciada por completo. Que así sea.
martes, 5 de febrero de 2008
Giordano Bruno, una luz que jamás podrá ser extinguida
Quiero contarte, amigo lector, para que lo sepas si lo desconoces, o para que lo recuerdes si ya lo sabías, que alguna vez este mundo contó con el honor de tener entre sus filas a un hombre excepcional: Giordano Bruno. Quiero que sepas también que en una época de oscuridad, de ignorancia y fanatismo, él fue una llamarada incandescente e inextinguible de luz y conocimiento. También quiero conmoverte con el hecho de que siendo su único pecado pensar, razonar, disentir y alejarse del dogma, fue encarcelado durante ocho años, años de torturas y humillaciones, para finalmente, ser quemado vivo en una hoguera, en Campo de Fiori, Roma, un día 19 de Febrero de 1600.
Bruno fue un rebelde, un enamorado del saber, alguien que aunque hubiera deseado un destino distinto, no lo habría conseguido, ya que su pasión por el saber y por el pensar eran demasiado incontenibles, aun a riesgo de perder su propia vida. Bruno era demasiado peligroso para la iglesia, en tiempos que ésta tenía el poder suficiente como para pulverizar a sus enemigos. No hay que olvidar que la iglesia se volcó a la caridad y al amor cuando se le terminó el poder.
Bruno cuestionó dogmas sobre los cuales giraba todo el negocio de la iglesia, y lo más increible de todo, es que jamás dejó de creer en Dios. A Giordano Bruno lo mató la maquinaria podrida y corrompida de la iglesia católica medieval, mientras que él proclamaba que siendo el amor de Dios infinito, era hasta necesario creer que debían existir otros mundos con otros seres que adorasen a Dios a su manera. También para algunos sembró las bases del Panteísmo, y junto con ello dominó con singular maestría el arte de la memoria, el cual sorprendentemente, perteneció entonces al campo de las ciencias herméticas.
Este mes recordamos un año más de tu espantosa muerte, oh gran Nolano , y quiero expresar que ella no ha sido en vano. Ello porque después de él vinieron tantos otros, también perseguidos, también torturados, también asesinados, quienes sin embargo, contra la ceguera de algunos y la conveniencia de otros, fueron lentamente sacando a la luz la verdad, esa verdad adogmática, falsable, de la cual estamos orgullosos los hombres movidos por la luz, la tolerancia y la razón.
viernes, 25 de enero de 2008
¿Somos los seres humanos el centro de la creación?
En esta oportunidad, deseo aportar un muy interesante comentario, de un libro más interesante aun, realizado por un muy querido amigo, llamado Rogelio Rodriguez, a quien deseo mucha salud, fuerza y unión con los suyos. Este libro es de autoría del importante astrónomo Carl Sagan, y se intitula "Los dragones del Edén". Una vez finalizado el comentario de Rogelio Rodriguez, haré mi aporte personal sobre el particular, espero les sirva para detenerse un momento y reflexionar sobre si vale la pena afligirnos y atribularnos por cosas que en realidad no lo merecen.
ARROGANCIA SIN FUNDAMENTO.
Dice Sagan: "Para expresar la cronología cósmica, nada más sugerente que comprimir los quince mil millones de años de vida que se asignan al universo (o por lo menos, a su conformación actual desde que acaeciera el Big Bang) al intervalo de un solo año. Si tal hacemos, cada mil millones de años de la historia terrestre equivaldrían a unos 24 días de este hipotético año cósmico, y un segundo del mismo correspondería a 475 revoluciones efectivas de la tierra alrededor del sol".
En esta imagen, el Big Bang (la "gran explosión inicial) ocurre el 1 de enero; el origen de la galaxia de la Vía Lactea, el 1 de mayo; el origen del sistema solar, el 9 de septiembre; la formación de la Tierra, el 14 de septiembre; el origen de la vida en la tierra, aproximadamente el 25 de septiembre; la formación de las rocas más antiguas conocidas, el 2 de octubre; la época de los fósiles más antiguos, el 9 de octubre. Los dinosaurios hacen su aparición en Nochebuena.
En toda esta evolución, el ser humano no hace acto de presencia hasta las 22:30 horas de la víspera del año nuevo. La historia escrita ocupa los últimos 10 segundos del 31 de diciembre, y el espacio transcurrido desde el ocaso de la Edad Media hasta la época en que vivimos es poco más de un segundo.
¿No es para pensarlo larga y profundamente? A la vista de lo casi nada que somos los seres humanos en un mundo antiquísimo, no queda más que reconocer que debemos inclinarnos por la humildad. ¡Qué ridicula resulta nuestra soberbia manifestada cuando nos dedicamos a acumular bienes materiales, descuidando la relación con nuestros seres queridos; cuando ávidos de dominar y conseguir poder, despreciamos y pisoteamos a nuestros semejantes; cuando nos dejamos vencer por los prejuicios y rechazamos a quienes tienen otra manera de comportarse; cuando nos creemos poseedores de la verdad absoluta y no toleramos a quienes piensan de modo diferente; cuando por ganar dinero destruimos el mundo sin tomar en cuenta que nos fue dado en préstamo por nuestros descendientes; cuando predicando falsos absolutos e idolatrando dioses por nosotros mismos inventados, decretamos identidades impuras y nos dedicamos a la caza de brujas; cuando nos convertimos en señores de la guerra y abrimos las puertas al terror, la violencia y el fanatismo!
El calendario cósmico de Sagan nos enseña que no hay fundamento para nuestra arrogancia. Es hora de preocuparnos de veras por como estamos haciendo las cosas.
Mi pequeño aporte: si es posible agregar algo al claro análisis expuesto anteriormente, es que debemos tener conciencia de que todos hemos sido puestos en el mundo con la finalidad de ser félices. Lamentablemente, y debido a nuestros propios defectos, muy pocos son los que dejan este mundo con una sonrisa en sus labios. La codicia, la ambición, el egoismo, el individualismo, la intolerancia, entre otros, han contribuído a que no se logre ese fin último de la existencia humana. Por ello es bueno detenerse un momento en el trajín del diario vivir, y de nuestra propia intrascendencia en la historia del universo, comprender que nuestras amarguras, nuestros problemas, que parecen todos terribles y sin salida, en realidad no significan nada. Debemos buscar la plenitud en todos esos pequeños triunfos que cada día obtenemos, y que no vemos por estar demasiado preocupados. Es necesario comprender que nada es tan importante como para hacer que esta existencia, única e irrepetible, chispazo de luz entre dos eternidades, sea miserable.
La promesa de una vida futura es un placebo para soslayar nuestras miserias y desgracias. Nuestra vida es hoy y ahora, luchemos por hacerla mejor, para nosotros y quienes nos rodean. Que la misericordia y la justicia guien nuestros pasos, pues no hay más rector que ello. No hay un ser en una nube diciendo qué debes hacer, ni amenazandote con eternos y absurdos castigos de fuego. Somos dueños de nuestra existencia, dejemos de luchar por lo que no tiene sentido, miremonos a la cara, y tratemos de ser cada día un poco más felices, nosotros y los demás. De esa manera lograremos que nuestra insignificante presencia en la linea de tiempo de la historia del universo, tenga sentido, trascendencia y razón
ARROGANCIA SIN FUNDAMENTO.
Dice Sagan: "Para expresar la cronología cósmica, nada más sugerente que comprimir los quince mil millones de años de vida que se asignan al universo (o por lo menos, a su conformación actual desde que acaeciera el Big Bang) al intervalo de un solo año. Si tal hacemos, cada mil millones de años de la historia terrestre equivaldrían a unos 24 días de este hipotético año cósmico, y un segundo del mismo correspondería a 475 revoluciones efectivas de la tierra alrededor del sol".
En esta imagen, el Big Bang (la "gran explosión inicial) ocurre el 1 de enero; el origen de la galaxia de la Vía Lactea, el 1 de mayo; el origen del sistema solar, el 9 de septiembre; la formación de la Tierra, el 14 de septiembre; el origen de la vida en la tierra, aproximadamente el 25 de septiembre; la formación de las rocas más antiguas conocidas, el 2 de octubre; la época de los fósiles más antiguos, el 9 de octubre. Los dinosaurios hacen su aparición en Nochebuena.
En toda esta evolución, el ser humano no hace acto de presencia hasta las 22:30 horas de la víspera del año nuevo. La historia escrita ocupa los últimos 10 segundos del 31 de diciembre, y el espacio transcurrido desde el ocaso de la Edad Media hasta la época en que vivimos es poco más de un segundo.
¿No es para pensarlo larga y profundamente? A la vista de lo casi nada que somos los seres humanos en un mundo antiquísimo, no queda más que reconocer que debemos inclinarnos por la humildad. ¡Qué ridicula resulta nuestra soberbia manifestada cuando nos dedicamos a acumular bienes materiales, descuidando la relación con nuestros seres queridos; cuando ávidos de dominar y conseguir poder, despreciamos y pisoteamos a nuestros semejantes; cuando nos dejamos vencer por los prejuicios y rechazamos a quienes tienen otra manera de comportarse; cuando nos creemos poseedores de la verdad absoluta y no toleramos a quienes piensan de modo diferente; cuando por ganar dinero destruimos el mundo sin tomar en cuenta que nos fue dado en préstamo por nuestros descendientes; cuando predicando falsos absolutos e idolatrando dioses por nosotros mismos inventados, decretamos identidades impuras y nos dedicamos a la caza de brujas; cuando nos convertimos en señores de la guerra y abrimos las puertas al terror, la violencia y el fanatismo!
El calendario cósmico de Sagan nos enseña que no hay fundamento para nuestra arrogancia. Es hora de preocuparnos de veras por como estamos haciendo las cosas.
Mi pequeño aporte: si es posible agregar algo al claro análisis expuesto anteriormente, es que debemos tener conciencia de que todos hemos sido puestos en el mundo con la finalidad de ser félices. Lamentablemente, y debido a nuestros propios defectos, muy pocos son los que dejan este mundo con una sonrisa en sus labios. La codicia, la ambición, el egoismo, el individualismo, la intolerancia, entre otros, han contribuído a que no se logre ese fin último de la existencia humana. Por ello es bueno detenerse un momento en el trajín del diario vivir, y de nuestra propia intrascendencia en la historia del universo, comprender que nuestras amarguras, nuestros problemas, que parecen todos terribles y sin salida, en realidad no significan nada. Debemos buscar la plenitud en todos esos pequeños triunfos que cada día obtenemos, y que no vemos por estar demasiado preocupados. Es necesario comprender que nada es tan importante como para hacer que esta existencia, única e irrepetible, chispazo de luz entre dos eternidades, sea miserable.
La promesa de una vida futura es un placebo para soslayar nuestras miserias y desgracias. Nuestra vida es hoy y ahora, luchemos por hacerla mejor, para nosotros y quienes nos rodean. Que la misericordia y la justicia guien nuestros pasos, pues no hay más rector que ello. No hay un ser en una nube diciendo qué debes hacer, ni amenazandote con eternos y absurdos castigos de fuego. Somos dueños de nuestra existencia, dejemos de luchar por lo que no tiene sentido, miremonos a la cara, y tratemos de ser cada día un poco más felices, nosotros y los demás. De esa manera lograremos que nuestra insignificante presencia en la linea de tiempo de la historia del universo, tenga sentido, trascendencia y razón
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